Durante más de 1.600 años, el calendario juliano rigió la medición del tiempo en buena parte del mundo. Vigente desde el 1 de enero del año 45 a. C., este sistema acumuló un desfase astronómico que llevó a que diez días desaparecieran en octubre de 1582, tras la transición del calendario juliano al calendario gregoriano. ¿Cómo se vivió ese cambió abrupto del calendario?

El 15 de octubre es una fecha que se recuerda en la historia por haber sido el día en que habitantes de España, Francia, Italia y Portugal se levantaron después de haber “viajado en el tiempo”, pues se acostaron a dormir el 4 de octubre y se levantaron 10 días después en el calendario.
Pero eso de “haber viajado en el tiempo” no fue tan literal. Meses antes, específicamente en febrero de 1582, el papa Gregorio XIII había declarado que se debían borrar 10 días del calendario que regía en ese momento debido a un desfase de más de 1.600 años. Ese error milimétrico, con el paso de los siglos, descuadró celebraciones, los tiempos de las siembras y cosechas y, en general, la forma en que se estaba moviendo el mundo.
El origen del problema
Todo comenzó durante la llegada al poder del dictador romano Julio César en el año 49 a. C., un destacado político con un altísimo poder de oratoria e inteligencia militar. Despiadado, pero también benevolente con sus enemigos, y culto. Luego de liderar la cruenta Gran Guerra Civil Romana, se cuenta que Julio César quiso poner “la casa en orden”, debido a que el calendario romano (el que regía en ese entonces) se había convertido en un foco de corrupción y desorden. Además, las cosechas se estaban viendo afectadas debido a que la primavera estaba llegando en pleno invierno.
Así funcionaba el calendario romano
El calendario romano se basaba en los ciclos de la Luna y tenía solo 355 días. Como faltaban al menos 10 días para alcanzar el año solar real —es decir, 365 días, 5 horas, 48 minutos y 45 segundos—, la ley romana permitía que un grupo de sacerdotes y políticos, llamados los pontífices, añadieran un mes extra para emparejar las fechas. Esto se fijó para que se implementara un año sí y otro año no, principalmente durante febrero.
Pero, dado que desde tiempos inmemoriales la corrupción y los intereses propios han primado sobre los colectivos, los pontífices comenzaron a utilizar a su favor este poder con cobros indebidos a los gobernantes de turno. El decreto de incluir el mes dependía de qué tan bien o mal les caías: si eras su amigo, te agregaban el mes para que tu mandato fuera más largo o se convocaran elecciones antes del tiempo estimado; pero si no lo eras, el mes simplemente se perdía, no se otorgaba. El enredo fue tal que, para el año 46 a. C., el desfase total llegó a ser de 90 días (3 meses completos) de diferencia frente al Sol.
Con este panorama de caos y anarquía, Julio César optó por buscar una solución, y no solo por lo que se mencionó anteriormente, también porque él debía tener los tiempos organizados para el cobro de tributos a los ciudadanos.
Julio César viaja a Egipto y años después implementa el calendario juliano en Roma
Llegó el año 49 a. C. y Julio César lideraba la temida Gran Guerra Civil Romana contra el Senado comandado por Cneo Pompeyo Magno, estratega y político que, luego de ser un gran aliado de Julio César, se convirtió en su frontal contrincante y cuya rivalidad terminó en la victoria del dictador.
Pese a ganar la guerra, Julio César insistió en ir tras de él luego de conocer su huida hacia Alejandría, en Egipto. Su desembarco se dio el 2 de octubre del 48 a. C., pero a su llegada fue recibido con la cabeza de Pompeyo: los consejeros de Ptolomeo XIII habían ordenado el trabajo sucio de decapitarlo para ganar gracia ante el poderoso Julio César quien, al ver la cabeza ensangrentada, no pudo contener el llanto al ver el final de su antiguo aliado y esposo de su hija, el cual fue el que se atrevió a enfrentarlo valerosamente. Aún así, la guerra en Egipto sí se desató por el enfrentamiento entre Ptolomeo XIII y su hermana Cleopatra VII por el trono, rol en el que fue clave Julio César, quien se alió con esta última para entregarle el trono y luego vincularse sentimentalmente con ella.

Pero ya entrado en gastos, Julio César se mantuvo varias semanas en tierras egipcias e hizo un gran descubrimiento del cual quedó anonadado: el funcionamiento casi perfecto del calendario egipcio. No lo pensó dos veces y fue a buscar a los mejores astrónomos para que ayudaran a implementar el calendario en la caótica Roma.
Fue entonces cuando conoció al astrónomo y matemático de la corte alejandrina, Sosígenes de Alejandría, para que le ayudara a conformar el calendario que regiría a parte del mundo por al menos 1.600 años más: el año duraría 365 días y 6 horas, e inventó los años bisiestos (añadir un día cada 4 años) para absorber esas 6 horas sobrantes.
Aunque el hombre era un sabio, el cálculo no fue perfecto por una diferencia milimétrica. Quedó establecido que el año solar duraba 365.25 días, pero en realidad dura 365.2422 días. Así las cosas, el calendario juliano quedó más ajustado a la realidad astronómica, pero un desfase de solo 11 minutos y 14 segundos de más por año llevó a que en 1582 el papa Gregorio XIII lo reformara e implementara el que nos rige en la actualidad.
1600 años después: la reforma al calendario de Gregorio XIII
Pasaron los siglos para que nuevamente el calendario estuviera en el centro del debate, principalmente porque empezaron a notar que la Semana Santa se estaba celebrando en pleno invierno, a sabiendas de que esta suele iniciar tras el equinoccio de primavera (21 de marzo). Por ello, el papa Gregorio XIII, cuyo nombre real era Ugo Boncompagni y quien fue el papa número 226 de la Iglesia católica, tomó la decisión de descontarle de un plumazo 10 días a la humanidad en su calendario.
Ugo Boncompagni fue gobernante entre 1572 and 1585 de los Estados Pontificios, que incluían regiones que hoy son Italia y Roma. En esa época, el poder de los pontífices era absoluto: cobrar impuestos, comandar ejércitos, firmar tratados internacionales con otras potencias (como España o Francia) y crear leyes civiles dentro de sus fronteras eran parte de sus funciones. Ese rol tan importante le dio la autoridad para convocar una Comisión del Calendario que reunía, entre otros, al astrónomo Luigi Lilio y al matemático Christopher Clavius para que estudiaran el calendario juliano y corrigieran aquel error.
Para febrero de 1582, el nuevo calendario ya estaba listo para ser implementado muy pronto a través de la bula papal Inter gravissimas, en la que se estableció que se dejarían los mismos 12 meses, el mismo orden (de enero a diciembre) y la base de 365 días para un año común.

Pero atención aquí: para eliminar los 11 minutos de sobra que Julio César acumulaba cada año, Gregorio XIII cambió la regla de los años bisiestos. Determinó que un año es bisiesto si es divisible por cuatro; pero si el año termina en “00”, al cierre de un siglo, se le aplica un filtro extra: solo será bisiesto si también es divisible por 400.
Al eliminar exactamente 3 años bisiestos cada 400 años, el calendario gregoriano logró reducir la duración promedio del año civil a 365.2425 días, acercándose con mayor precisión al año solar real.
Confusión, desinformación, protestas y resistencia
A pesar de que en febrero de 1582 se conoció esta directriz, no fue sino hasta el 4 de octubre que entró en vigor por decisión de la Iglesia católica; esto para evitar afectar eventos importantes que ocurrían en otros meses del año.
Esta decisión no aisló el descontento de muchos que se regían por el antiguo calendario.
Es que solo imagínese que a usted le digan que le van a quitar diez días de su vida. Así se interpretó en esa época: que la Iglesia les estaba robando 10 días de vida del cuerpo, mientras otros pensaban que iban a morir diez días antes de lo que les “correspondía” o que su envejecimiento se iba a acelerar de forma mágica por este ajuste.
Otros problemas que surgieron fueron las firmas de contratos que se estipulaban mensualmente o días de trabajo que no querían ser pagados. Sin embargo, una protesta que duró varios siglos después fue la de aquellos gobiernos de países que no quisieron asumir este cambio para no sentirse “arrodillados” ante la autoridad del papa.
Fue el caso de países como Inglaterra (de rama religiosa protestante) y Rusia (de rama ortodoxa). En el caso de Inglaterra, esta adopción del nuevo calendario se dio en 1752, siendo también acogida en ese año por Estados Unidos y Canadá. Debido a ese acto de resistencia, tuvieron que borrar 11 días, lo que llevó a la gente a la memorable protesta bajo el lema: “Devuélvannos nuestros 11 días”.

Juegos Olímpicos de Londres y próximo “recorte” de tiempo al mundo
Sobre este tema también surgió una leyenda urbana de lo que ocurrió con el Imperio ruso: en 1908, los Juegos Olímpicos se celebraron en Londres, y para estas competiciones el equipo de tiro de Rusia llegó 12 días tarde porque su país todavía usaba el calendario juliano (donde el año 1900 sí había sido bisiesto), mientras que el resto de Europa ya usaba el del papa Gregorio. Sin embargo, algunas versiones desmienten esta historia. Rusia no adoptó el calendario gregoriano hasta el 14 de febrero de 1918, tras la Revolución Bolchevique, saltándose 13 días. Turquía también perdió 13 días entre 1926 y 1927 por la misma transición.
Ahora, se dice que para el año 4800 o 5100 aproximadamente, la humanidad tendría que hacer un nuevo ajuste: borrar un día del calendario o simplemente eliminar un año bisiesto que correspondía para volver a sincronizarnos perfectamente con el universo. Esto se debe a que la rotación de la Tierra no es exacta y, debido a diversos factores, cada vez es más lenta en cumplir su giro completo.

⏳PÍLDORA HISTÓRICA
Dos años después de instaurar el Calendario Juliano, el 15 de marzo del año 44 a. C., Julio César fue víctima de una conspiración en el Senado de Roma que terminó con su muerte. Cerca de 60 senadores participaron en el complot, pero alrededor de 20 habrían intervenido directamente en el ataque, en el que César recibió 23 puñaladas.
