El 14 de octubre de 2026, el armadillo, también llamado gurre o cachicamo, se convirtió en foco de discusión, principalmente en Colombia, debido a la dantesca escena protagonizada por el jefe de comunicaciones de la Agencia Nacional de Tierras (ANT), Yordy Medina Noriega, en la que se le observaba cocinando lo que sería este mamífero en una preparación tipo sancocho.
En la grabación, que no supera los 40 segundos, el ahora exfuncionario se jactaba de que en Bogotá también se las ingeniaban para preparar un plato muy consumido en los Llanos Orientales. “¿Cómo la ve usted, pariente? Así estemos lejos del Llano, comemos como si estuviéramos en el Llano”, decía el hombre en un video mientras revolvía con un cucharón la exótica preparación.
Horas después de la publicación de la polémica grabación, que desató una ola de indignación y denuncias, Medina Noriega presentó su renuncia, la cual fue aceptada por la entidad.

Pero más allá del explícito video y de las circunstancias en las que ese armadillo llegó a la cocina del exfuncionario del Gobierno de Abelardo de la Espriella, la polémica puso en evidencia los retos que aún existen para informar sobre las consecuencias del consumo de fauna silvestre, desde los riesgos para la salud humana hasta las amenazas que la caza representa para la conservación de estas especies.
Prácticas como la de Medina Noriega están prohibidas en el territorio nacional bajo la Ley 2111 de 2021, que sanciona la afectación a la fauna a través del tráfico, adquisición, transporte, exportación o comercialización de especies silvestres o sus derivados (por ejemplo, carne), con penas de hasta 135 meses de prisión y multas que alcanzarían los 40.000 salarios mínimos legales mensuales vigentes (SMLMV).
El debate en redes sociales se intensificó entre críticos y defensores de esta tradición culinaria que suele verse con mayor frecuencia en la Costa colombiana y los Llanos Orientales, donde las capturas individuales y hasta el cierre de locales comerciales por el hallazgo de carne de este tipo de animal son más frecuentes de lo que se piensa.
Solamente en julio de 2026, en Cartagena (Bolívar), un restaurante fue intervenido por las autoridades porque abiertamente ofrecía en su menú la preparación de carne de armadillo, así como carne de ponche (chigüiro), conejo y ñeque (guatín). Un mes antes, en junio, en el Valle del Cauca incautaron 0,85 kg de carne de armadillo y 1,65 kg de carne de guagua proveniente del Chocó.
¿Qué se considera una especie silvestre en Colombia?
Para evitar prácticas y errores como los cometidos por el exjefe de comunicaciones de la ANT, es necesario distinguir si la especie de animal con la que se está preparando un sudado, sancocho o asado al carbón es categoría silvestre en Colombia, cuya tenencia o consumo están prohibidos.
En el país, de acuerdo con la Ley 611 de 2000 en su artículo primero, la fauna silvestre se define como el conjunto de organismos vivos de especies animales terrestres y acuáticas que no han sido objeto de domesticación, mejoramiento genético o cría regular, o que han regresado a su estado salvaje. Comprende animales que viven y se desarrollan sin procesos regulares de domesticación o crianza humana, incluidos aquellos que han recuperado su condición silvestre.
No peque por desconocimiento e identifique las especies silvestres:
- Especies que no han sido adaptadas por el humano durante milenios. No son perros, gatos, palomas ni animales comunes de granja.
- Las especies silvestres conservan sus instintos naturales: los loros, micos o tortugas no se vuelven domésticos aunque se críen en una casa.
- Son animales que nacen, se alimentan y se reproducen libremente en bosques, ríos, mares o cielos sin ayuda humana.
- Especies migratorias que visitan el país en ciertas épocas, como las ballenas jorobadas o las aves del norte.
- Los animales que se escaparon, se adaptaron por completo a la naturaleza y ahora viven y se multiplican de forma salvaje.
De acuerdo con la revista Biota Colombiana, del Instituto Humboldt, en Colombia hay seis especies de armadillos: ocarro o armadillo gigante (Priodontes maximus), cachicamo sabanero (Dasypus sabanicola), armadillo de nueve bandas (Dasypus novemcinctus), espuelón (Dasypus kappleri), cola de trapo (Cabassous unicinctus) y cola de zorro (Cabassous centralis).

¿Cómo nació el consumo de la carne de armadillo en Colombia?
El consumo de carne de armadillo en Colombia tiene sus raíces en las prácticas de subsistencia de las comunidades indígenas que habitaban las cuencas del Orinoco y el Amazonas antes de la llegada de los conquistadores españoles. Para pueblos como los sikuani, en los Llanos Orientales, y los muinane y yucuna, en la Amazonía, este animal representaba una fuente de alimento y ocupaba un lugar dentro de sus creencias.
Con la colonización, su consumo se extendió entre campesinos y colonos, especialmente en regiones apartadas donde el acceso a la carne de res era limitado. Así, el armadillo pasó a formar parte de la denominada carne de monte, convirtiéndose en una alternativa de proteína obtenida mediante la caza y, con el tiempo, en una tradición gastronómica de territorios como Meta, Casanare, Arauca y Vichada.
Alrededor de su consumo también surgieron creencias populares sobre sus supuestas propiedades medicinales. En algunas comunidades se extendió la idea de que la grasa del armadillo podía aliviar enfermedades respiratorias, como el asma, o que consumir su hígado crudo aportaba fuerza y vitalidad. Asimismo, su carne adquirió fama por su sabor particular, descrito popularmente como una combinación entre pollo, conejo y cerdo, y se incorporó a preparaciones tradicionales como lechona, sancocho, asado al carbón o guiso, particularmente servida en su propio caparazón.
¿Cómo es la relación de los armadillos con humanos?
Los armadillos son animales dóciles e inofensivos. No atacan, no buscan el enfrentamiento, no tienen dientes grandes para morder y su principal defensa es huir, saltar o, en algunas especies, enrollarse en su caparazón.
Una investigación publicada en diciembre de 2024 en la revista científica Emerging Infectious Diseases, liderada por el epidemiólogo y ecólogo de enfermedades infecciosas Daniel Romero-Álvarez junto con un equipo de varias universidades, analizó la presencia de Mycobacterium leprae, la bacteria que causa la lepra, en armadillos de nueve bandas (Dasypus novemcinctus) en Ecuador. De los 48 animales estudiados, el 18,7 % presentó rastros de la bacteria. Para obtener las muestras, los investigadores recurrieron a cazadores locales que consumían estos animales o utilizaban sus caparazones para elaborar instrumentos musicales, además de examinar tejidos conservados en el Instituto Nacional de Biodiversidad de Quito.
Los investigadores aclararon que detectar la bacteria no significa necesariamente que los animales desarrollen la enfermedad, pero los hallazgos destacaron la importancia de estudiar a los armadillos como posibles reservorios de la lepra y su relación con la transmisión a los seres humanos.
Así las cosas, aunque el video provocó indignación, también reveló una realidad ineludible: esta práctica sigue arraigada en varias zonas de Colombia. Frenarla requiere una pedagogía urgente sobre la importancia de estos mamíferos en el ecosistema, las claves para identificar la fauna silvestre y las severas penas que impone la ley. Hace falta información y conciencia. La muestra de este vacío educativo es que, paradójicamente, el propio líder de comunicaciones de la entidad no se percató del impacto de su mensaje, el cual acompañó con una comprometedora pregunta: “(…) Amigos, ¿ustedes ya se comieron su pedacito de gurre o cachicamo el día de hoy?”.

⌛PÍLDORA HISTÓRICA
Los armadillos representan uno de los linajes de mamíferos placentarios más antiguos de la Tierra, con un registro evolutivo que se remonta a hace entre 50 y 65 millones de años en la historia de nuestro planeta.
